Historia de la orientación del abogado jordano Ahmad Husayn Ya‘qub

Historia de la orientación del abogado jordano Ahmad Husayn Ya‘qub

La revista Al-Minbar publicó en su número décimo, correspondiente al mes de Ḏū al-Ḥiŷŷa de 1421 H, una carta de Ahmad Husayn Ya‘qub en la que explica cómo se guió y se adhirió al madhab de Ahl al-Bayt (la paz sea con ellos). En lo que recogió la revista se lee:

El tema de la revista Al-Minbar
no fue una polémica doctrinal, ni una figura académica, ni un debate personal, ni un libro chiita…
Lo que empujó al célebre abogado jordano Ahmad Husayn Ya‘qub a convertirse al chiismo y adoptar la doctrina de Ahl al-Bayt (a.s.) fue, en realidad, un libro que lo conmocionó profundamente, escrito por un autor sunnita, el conocido literato Khalid Muḥammad Khalid.

El libro se titulaba “Abnā’ al-Rasūl fī Karbalā’” (Los hijos del Mensajero en Karbalá). Los ojos de Ahmad Husayn Ya‘qub se posaron sobre él, y lo leyó con avidez, hasta descubrir cómo los opresores se precipitaron para alterar la ley de Dios, borrar el recuerdo de Muḥammad y ‘Alī (la paz sea con ambos), mediante crímenes que avergonzarían a la humanidad, un terror sin precedentes, y a través de la consolidación, en la mente de las masas, de conceptos culturales que convirtieron lo lícito en ilícito y lo ilícito en lícito, sustituyendo el ma‘rūf (el bien reconocido) por el munkar (lo reprobable), y a la Familia del Profeta por los compañeros.

Fue Ḥusayn, el Señor de los libres y de los mártires (a.s.), quien abrió sus brazos a Ahmad Husayn Ya‘qub, el cual no cesaba de llorar de dolor y gemir de aflicción por lo que se había cometido contra Abā ‘Abd Allāh (a.s.). Su herida sangrante y sus lágrimas incontenibles fueron el camino que lo condujo al puerto de la salvación, al Dueño del Tiempo (Imam al-Mahdī, a.s.).

El abogado, que hizo un pacto con su Señor de defender toda su vida la causa justa de Ahl al-Bayt (a.s.), relata su historia: cómo comprendió que los shi‘as de la Familia de Muḥammad (a.s.) son el grupo salvado; cómo se enfrentó a la sociedad y a la gente, que lo acusaron de incredulidad, apostasía, rechazo (rafḍ) y desviación de la religión y del Islam.

Son palabras que nos transmite Ahmad Husayn Ya‘qub, autor del libro “Al-Muwāŷaha” (El enfrentamiento), por el que fue llevado a juicio, en un mensaje especial que envió a la revista Al-Minbar. Este es su texto:

Biografía personal del abogado Ahmad Husayn Ya‘qub

Pertenezco a la tribu de Banī Ṭahā Abū ‘Atmah, una de las ramas de la tribu Al-‘Anūm. Nací en Kafr Jall, al norte de Ŷarash, en 1939. Estoy casado con una sola esposa y tengo diez hijos varones y cuatro hijas.

Obtuve el bachillerato en Egipto, completé mis estudios de Derecho en la Universidad de Damasco, me inscribí en estudios superiores (Diploma de Derecho Público) en la Universidad Libanesa, y posteriormente para la maestría en la Universidad Al-Ḥikma. He trabajado como funcionario, maestro, predicador de la oración del viernes (jāṭib ŷumu‘a) y alcalde. Ejerzo la abogacía desde hace diecisiete años.

¿Cómo me guié?

Viajé a Beirut para defender una tesis que había presentado a la Universidad Libanesa sobre la jefatura del Estado del califato en la sharī‘a y en la historia. Era un trabajo completamente tradicional en todas sus facetas, reflejando la visión y las creencias de la mayoría sunnita en este campo.

Durante mi estancia en Beirut, leí por casualidad el libro “Abnā’ al-Rasūl fī Karbalā’” de Khalid Muḥammad Khalid. A pesar de que el autor muestra simpatía hacia los asesinos e intenta excusarlos, quedé conmocionado hasta el extremo por lo que sufrió el Imam Husayn (a.s.), la Gente de la Casa de la Profecía y sus compañeros.

Mi herida sangrante por la tragedia de Husayn fue el punto de inflexión de toda mi vida. Durante ese mismo periodo en Beirut, leí el libro “Al-Shī‘a bayna al-ḥaqā’iq wa al-awhām” (Los shi‘as entre las realidades y las ilusiones) de Muḥsin al-Amīn, y el libro “Al-Murāja‘āt” del Imam al-‘Āmilī. Continué, con un enorme interés, leyendo sobre el pensamiento de la Familia de la Profecía y sus seguidores.

Mi visión de toda la historia cambió; se derrumbaron, una tras otra, todas las convicciones erróneas que se habían asentado en mi mente. Me pregunté: si esto es lo que hicieron los tiranos con el hijo del Profeta y con su Familia, ¿qué habrán hecho con la gente común?

Comprendí que el Estado histórico, un gran imperio, había puesto todos sus recursos y toda su influencia al servicio de un programa educativo y cultural destinado a invertir las verdades de la sharī‘a, instrumentalizar la religión para legitimar los hechos históricos, y presentar la religión y la historia como dos caras de una misma moneda.

La gente cayó en esta trampa: absorbieron la cultura de la historia creyendo, por la costumbre, la repetición y la adopción oficial de dicha cultura por parte del Estado, que la cultura histórica era la cultura de la religión.

En este contexto cultural, el Estado histórico se volvió contra la Gente de la Casa de la Profecía y contra sus seguidores leales, presentándolos como rebeldes contra la comunidad, violadores de la unidad, desviados del “Islam del Estado”. Les atribuyeron cosas que nunca dijeron, y creencias que nunca sostuvieron. Las masas creyeron la propaganda del Estado contra la Familia del Profeta y sus partidarios. Sus hijos y nietos asumieron esas creencias sin crítica ni investigación, sin prueba alguna ni del Libro de Dios ni de la Sūnna de Su Mensajero.

La palabra “shi‘a” se convirtió, en la mente de las masas, en sinónimo de desviación, incredulidad y rebelión contra la legitimidad.

Este es uno de los frutos de la injusta campaña histórica que el Estado lanzó contra Ahl al-Bayt (a.s.) en general y contra sus shi‘as en particular. A medida que las verdades empezaron a salir a la luz poco a poco, el Estado redujo su ataque directo a la Gente de la Casa, pero intensificó su campaña contra los shi‘as.

Las verdades que descubrí

Se me hizo evidente que la Gente de la Casa de la Profecía y quienes los aman con una lealtad auténtica son los verdaderos creyentes, la facción salvada, los testigos de la verdad a lo largo de la historia, y que el Islam puro solo puede entenderse a través de ellos. Ellos son uno de los dos pesos (al-thaqalayn), ellos son el Arca de Noé, la Puerta del Perdón (Bāb Ḥiṭṭa), las Estrellas de la Guía. De no haber sido por ellos, se habría perdido el Islam verdadero y la verdad se habría quedado sin testigos.

Ellos han mantenido en alto la bandera de la oposición a la injusticia a lo largo de los siglos, soportando por Dios más de lo que puede soportar un ser humano, hasta transmitirnos esta religión pura en su forma íntegra, limpia y bendita.

En pocas palabras: me guié, y comprendí que Ahl al-Bayt (a.s.) tienen una causa universal justa. Hice un pacto con mi Señor de defender esta causa mientras viva. Así, todas mis obras se convirtieron en alegatos y defensas de la justicia de esta causa, y en llamamientos a la razón musulmana en particular, y a la razón humana en general, para que pase del seguimiento ciego a la fe iluminada y creativa.

Mi familia, mi entorno y yo

Me guié yo y también mis hijos, alabado sea Dios. Las alegrías de Ahl al-Bayt son nuestras alegrías, y sus tristezas son nuestras tristezas. Estoy sobre una evidencia clara proveniente de mi Señor, y no me preocupa lo que la sociedad diga de mí.

La gran mayoría de las sociedades antiguas describieron a los Mensajeros y a los Profetas como locos, los acusaron de magia, adivinación, poesía, mentira… ¡ni siquiera el Sello de los Profetas se libró de tales injustas descripciones! Los árabes llegaron al extremo de decir que el Corán era “fábulas de los antiguos”.

Pero, tarde o temprano, las mentiras de las mayorías se desvanecen y la verdad emerge. Solo permanece la verdad imperecedera proclamada por los Profetas.

Lo que a mí me incumbe es salvar mi propia alma. No me perjudicará ante Dios si mi hijo se extravía o si mi sociedad me rechaza. Que digan que soy incrédulo, que soy rāfiḍī, etc. Ellos saben que yo rezo, peregrino, lloro por temor a Dios. Fui su predicador, su imán en la oración, el alcalde de su ciudad. ¿Cómo pueden conciliar esas acusaciones con la realidad objetiva?

Tal es la naturaleza de la sociedad humana

El Faraón creía que su gobierno, su método y su creencia corrupta eran los mejores, y temía que Moisés lo privara de “su mejor camino”:

«Temo que cambie vuestra religión…» (cf. Corán, 40:26)
«… y que aparezca en la tierra la corrupción.» (40:26)

Creía que su religión era la verdadera, y que Moisés sembraría corrupción en la tierra. ¿Quién hoy puede creer que el Faraón era un reformador, que su camino era el mejor y que Moisés era corruptor? ¡Dios nos libre!

¿Quién hoy puede creer las mentiras de los árabes que calificaron el Corán de leyendas de los antiguos?

Sea largo o corto el tiempo, todas las mentiras caen, se borran las apariencias engañosas y surgen las realidades jurídicas y espirituales desnudas. Los perdedores son aquellos que se engañan a sí mismos, que encarcelan sus almas y sus mentes en las cavernas de la historia.

Las masas se han habituado a la cultura histórica; en términos coránicos:

«Se embebieron en sus corazones (el amor) del becerro…» (Corán, 2:93)

Se mezcló con su sangre y su carne. Creen estar en la verdad porque son mayoría, y piensan que los devotos de Ahl al-Bayt (a.s.) están en el error porque son minoría.

Rara vez el debate con ellos resulta útil, pues han heredado sus creencias por tradición y costumbre. La costumbre se convierte en una segunda naturaleza. Desactivarla requiere ayuda de Dios, deseo sincero de cambio y un esfuerzo intelectual organizado… esfuerzo que no están dispuestos a realizar.

El Corán ofrece ejemplos claros de pueblos que negaron a sus Profetas; en ello hay lecciones:

«Y dirán: “Si hubiéramos escuchado o razonado, no estaríamos entre la gente del fuego abrasador.”» (Corán, 67:10)

Las distorsiones

Dios ha garantizado la preservación del Corán. Ahl al-Bayt (a.s.) y sus partidarios han velado por la preservación de la explicación profética de este Libro. Por grande que sea la fuerza de los medios o el engaño histórico, la religión de Dios es tan clara que no se oculta al intelecto sincero.

Aun así, se han intentado diversas formas de distorsión, aunque han quedado al descubierto. Entre ellas, lo que narra al-Ṭabarī en su historia sobre el ḥadīṯ de al-Dār, donde el Profeta (s.a.w.) dijo al Imam ‘Alī:

“Este es mi hermano, mi testigo (waṣī) y mi sucesor (jalīfa) entre vosotros; escuchadlo y obedecedle.”

(Ṭabarī, Tārīj, 2:63)

Más tarde, al-Ṭabarī —o los editores posteriores— se percataron del peligro de este texto para la cultura histórica y su estructura, y eliminaron las palabras “mi testigo y mi sucesor”, sustituyéndolas por:

“Este es mi hermano y tal y tal…”

(Ṭabarī, Tafsīr, 19:149, ḥadīṯ 20374)

Este es un ejemplo de alteración deliberada.

Cuando Ibn al-Áṯir menciona la carta de Muḥammad ibn Abī Bakr a Mu‘āwiya, no reproduce el texto íntegro, pues saca a la luz la verdadera realidad de Mu‘āwiya y de su trayectoria. Se limita a decir que en ella hay cosas que las masas no soportarían escuchar (cf. Al-Kāmil fi al-Tārīj, 3:273).

Sabemos que al-Bujārī no escribía directamente lo que oía del ḥadīṯ, sino que lo escuchaba en un lugar y lo redactaba en otro, teniendo en cuenta las creencias y sensibilidades de la gente. Los relatos fueron formulados de modo que armonizaran con la realidad histórica y no entraran en conflicto con ella.

Así, al-Bujārī y Muslim —las dos colecciones de ḥadīṯ más importantes para nuestros hermanos sunnitas— relatan que los judíos hechizaron al Profeta hasta el punto de que se le hacía creer que había hecho algo cuando no lo había hecho (Ṣaḥīḥ al-Bujārī, 4:91; Ṣaḥīḥ Muslim, 7:14); o que el Profeta olvidó un versículo del Corán y un hombre común se lo recordó (Bujārī, 6:110; Muslim, 2:190); o que el Profeta perdía el control de sus emociones y maldecía y denigraba a la gente sin motivo (Bujārī, 7:157; Muslim, 8:26).

Son distorsiones evidentes que sirven a los hechos históricos, pero contradicen el Corán, que afirma que el Profeta no habla por pasión, y que su carácter es sublime; contradicen también la biografía pura del Profeta. En mi libro “Al-Muwāŷaha” (La confrontación) he refutado estas tonterías y mostrado su verdadera finalidad.

Y, si te asombras —¡que Dios no te muestre asombros lamentables!—, sorpréndete de un idólatra de La Meca a quien el Profeta invitó a comer, y este rechazó el alimento pretextando que no comía sino lo que se sacrificaba en nombre de Dios. Si dudas de esto, consulta Ṣaḥīḥ al-Bujārī, libro de los sacrificios, capítulo sobre lo que se sacrifica sobre altares e ídolos (Bujārī, 6:225).

En todo caso, he discutido el fundamento de tales narraciones en mi libro “¿Dónde está la Sūnna del Mensajero y qué hicieron con ella?”.

Cuando uno es chiita

Ser chiita significa ser un creyente auténtico, caminar tras las huellas del Mensajero y de su Familia Pura. Su ley es el Libro de Dios y la explicación profética de ese Libro. Su única autoridad legítima es Ahl al-Bayt (a.s.): los ama, ama a quien los ama, y se desliga de quien se enfrenta a ellos, vivo o muerto.

¿Cómo saber si eres shi‘a?

Además de tu compromiso íntegro con el Islam, pregúntate:
Si hubieras vivido en la época del Imam Husayn (a.s.), ¿te habrías puesto de su lado y combatido por él hasta ser martirizado ante sus ojos?

Si tu respuesta es afirmativa, eres de los devotos auténticos de Ahl al-Bayt y de sus shi‘as.
Si dudas, necesitas profundizar el concepto de wilāya (lealtad) en tu corazón y tu mente.

Los shi‘as no aman a Ahl al-Bayt por capricho

Los shi‘as no aman a la Familia del Profeta por insensatez o pasión, sino en base a normas jurídicas y en cumplimiento de mandatos divinos ineludibles, de los cuales no es posible escapar sin consecuencias decisivas: salvación o destrucción. La guía solo se alcanza aferrándose conjuntamente a los dos pesos (al-thaqalayn). Son preceptos cuyo cumplimiento condiciona la perfección del Islam y de la fe, según lo expuesto en sus fuentes.

Un rango religioso y cultural

La lealtad a Ahl al-Bayt (a.s.) es un rango cultural, la cumbre de la conciencia en el musulmán. Representa la máxima madurez intelectual. Son el ejemplo más perfecto.

¿Qué persona sensata en el mundo deja a la Familia de Muḥammad y toma a otros como modelo?
Los fundadores de las cuatro escuelas jurídicas sunnitas fueron discípulos del Imam Ŷa‘far al-Ṣādiq (a.s.), algunos desearon ser siervos de los Imames de Ahl al-Bayt. Los propios compañeros (ṣaḥāba), con todos sus niveles, no consideran válida su oración si no incluyen en ella las bendiciones sobre Muḥammad y la Familia de Muḥammad.

Nosotros no menospreciamos la importancia de los fundadores de esas escuelas, ni la del sheij Ḥasan al-Bannā, ni la de Ibn Taymiyya, ni la de Muḥammad ibn ‘Abd al-Wahhāb, ni de otros líderes de corrientes y partidos. Pero ¿qué ceguera del corazón es esa que lleva a abandonar a la Familia de Muḥammad, pares del Libro, y aferrarse a otros líderes? ¡Qué pésimo cambio para los opresores!

Víctimas de la historia

Todos ellos, no obstante, son nuestros hermanos en la fe: tenemos un mismo Libro, un mismo Profeta, una misma qibla, una misma religión. Nuestro deber es hacer todo lo posible, con sabiduría y buena exhortación, para poner a su disposición las realidades jurídicas y objetivas, y mostrarles el camino recto de Dios.

La historia de su guía según la revista Al-‘Aṣr

La revista Al-‘Aṣr publicó una entrevista con Ahmad Husayn Ya‘qub en su número 26, en Ramadán de 1424 H. A continuación, algunos extractos de dicha entrevista:

Pregunta: ¿Nos permite que hablemos de su viaje hacia Ahl al-Bayt (a.s.)?
Respuesta: Considero que la lealtad a la Familia de la Profecía es una etapa del perfeccionamiento intelectual. También creo que cualquier persona que se deje llevar por su naturaleza sana y busque con un método científico imparcial llegará a la conclusión de que la lealtad a Ahl al-Bayt es la solución y el camino correcto. Si la gente conociera la verdadera realidad de la Familia de la Profecía, todos entrarían en el círculo de su lealtad; y si comprendieran la perspectiva de Ahl al-Bayt, el curso de la historia habría cambiado por completo.

En realidad, yo no llegué a esta convicción como resultado de una actividad intelectual premeditada. Nunca me pregunté seriamente si estaba o no en el madhab verdadero, ni pensaba en responder a esa cuestión. Pero cuando fui a Beirut a defender un trabajo para el Diploma de Derecho Público, caminando un día por la calle vi a un hombre que vendía libros. Tomé un ejemplar de “Al-Murāja‘āt” del sayyid ‘Abd al-Ḥusayn Sharf al-Dīn, y otro titulado “Al-Shī‘a bayna al-ḥaqā’iq wa al-awhām”. A partir de la lectura de estos dos libros, se produjo en mí una transformación.

Comprendí que había algo oculto a la gente, y es que Ahl al-Bayt (a.s.) poseen un pensamiento completo que abarca todos los ámbitos de la vida, pero los medios de comunicación, a lo largo de la historia, lo han silenciado e ignorado.

Desde entonces comencé a leer y leer sin descanso. Se me revelaron los detalles de la tragedia de Karbalá, cuya magnitud descubrí. Si el Imam Husayn (a.s.) hubiera sido un rabino judío o un sabio cristiano, ese ejército que se atribuye el Islam no habría cometido contra él lo que cometió, ni se habría comportado con semejante barbarie.

Cuando comprendí las dimensiones generales y los detalles de la prueba de Husayn (a.s.) en Karbalá, entendí que solo Ahl al-Bayt son capaces de entender el Islam en su verdad y de liderar al mundo hacia un futuro mejor. Desde entonces, leía o escribía cada día entre diez y doce horas. Alabado sea Dios, puedo decir, sin pretensión, que hoy tengo un conocimiento amplio de muchos de los aspectos generales y particulares de la causa justa de Ahl al-Bayt (a.s.).

Pregunta: A su juicio, ¿cuáles son las causas principales de las divergencias entre los musulmanes?
Respuesta: Las diferencias en las sociedades suelen deberse a una de dos cosas: la autoridad (liderazgo) o la ley. Dios resolvió la cuestión de la autoridad durante toda la época profética: el Mensajero de Dios (s.a.w.) es el líder y la referencia. En cuanto a la ley, el Corán y la explicación e interpretación que el Profeta hizo de él constituyen la legislación vigente.

El mismo día en que el Mensajero anunció su misión profética y el Libro, anunció la autoridad de ‘Alī (a.s.). Dijo ante sus parientes más cercanos:

«Este es mi hermano, mi sucesor y mi testigo entre vosotros; escuchadlo y obedecedle.»
(Tārīj al-Ṭabarī, 2:63)

La Providencia quiso que el Profeta no dejara un hijo varón de su linaje, y Dios le ordenó casar a su hija Fāṭima (a.s.), Señora de las Mujeres del Universo, con aquel hombre que Él eligió para ser el sucesor del Profeta después de él. Así, la Señora de las Mujeres se casó con el Señor de los musulmanes y de los árabes, la veraz y pura se casó con el wali de Dios preparado para liderar la etapa posterior a la Profecía. De esa pareja pura surgió la continuidad del liderazgo para toda la humanidad.

El Profeta solía decirle a ‘Alī (a.s.), delante de los compañeros:

«Tú eres el señor de los musulmanes.»
(Al-Manāqib de al-Jwārizmī, 295, ḥadīṯ 287)

Y también:

«Tú eres el estandarte de la guía, la luz de quienes me obedecen, e Imán de mis amigos.»
(Šarḥ Nahŷ al-Balāġa de Ibn Abī al-Ḥadīd, 9:167; Maṭālib al-Su’ūl, 128)

Es decir, le confería todos los títulos que la gente suele conferir a un jefe de Estado, presentándolo como Imán después de él. No lo hacía por ser su primo, sino porque Dios se lo ordenó, y porque Dios le ordenó prepararlo hasta hacerlo el mejor, el más sabio, el más piadoso y el más cercano. Ningún musulmán discute esto: incluso aquellos que odiaron a ‘Alī reconocieron su superioridad en ciencia, valentía y proximidad al Mensajero.

De este modo, la cuestión del liderazgo, y antes de ella la de la ley, quedó resuelta tras la partida del Profeta. Sin embargo, los musulmanes no se mantuvieron fieles a ello, y así surgieron las divergencias.

Pregunta: Según usted, ¿dónde radica la debilidad de los musulmanes, a pesar del pensamiento puro y del grandioso legado que poseen?
Respuesta: La debilidad de los musulmanes está en que siempre se alinean con el vencedor. Quien domine, lo siguen; a quien es vencido, lo abandonan. Esta es una costumbre aprendida de la cultura histórica.

Cuando Yazīd ibn Mu‘āwiya aplastó la resistencia en Medina y profanó la ciudad del Mensajero, la gente preguntó a una de sus figuras espirituales de entonces:

«¿Quién debe dirigirnos en la oración?»

Él respondió:

«Estamos con quien haya vencido.»
(Ma‘ālim al-Madrasatayn, 1:148, citando al-Aḥkām al-Sulṭānīyya de Abī Ya‘lā)

Pregunta: ¿Cómo ha conseguido compaginar tantas labores distintas en su vida, como la abogacía, la alcaldía, la dirección de la oración, la predicación, la escritura y la investigación?
Respuesta: Fui imán y predicador designado por el Ministerio de Asuntos Religiosos de Jordania, y funcionario. Luego me jubilé, me presenté a la alcaldía y gané las elecciones. Más tarde estudié Derecho, me convertí en abogado y profesor, y abrí un despacho en Ŷarash. Cuando conocí la grandeza de la causa de Ahl al-Bayt (a.s.), dejé de ejercer la abogacía y me dediqué por completo a la investigación, el estudio y el análisis, todo ello por la gracia de Dios.

Pregunta: A la luz de las convulsiones mundiales y del despertar islámico general de la Umma, ¿qué papel desempeña el amor y la lealtad a Ahl al-Bayt (a.s.) frente a los desafíos contemporáneos?
Respuesta: El amor y la lealtad a la Familia de la Profecía preparan al ser humano para asumir responsabilidades, pues se basan en la ley divina. Todo lo que ellos dicen procede del Mensajero, y este no habla sino por revelación. La gente se beneficia de Ahl al-Bayt en la medida en que toma de ellos, igual que ocurre con un río puro y caudaloso: quienes beben de él lo conocen mejor que quienes solo lo contemplan.

En cualquier caso, no habrá un despertar auténtico mientras no se recurra a Ahl al-Bayt (a.s.).

Sus obras

  1. Al-Niẓām al-Siyāsī fi al-Islām (El sistema político en el Islam: opinión de los shi‘as, opinión de los sunnitas, juicio de la sharī‘a). 2.ª edición, 1412 H, Instituto Ansariyan, Qom.
  2. Naẓariyyat ‘Adālat al-Ṣaḥāba wa al-Marŷa‘iyya al-Siyāsiyya fi al-Islām (Teoría de la justicia de los compañeros y la autoridad política en el Islam: opinión de los shi‘as, opinión de los sunnitas, juicio de la sharī‘a). Traducida al persa por Muḥammad Qāḍīzāda, editorial Omīd, 1374 H.š.
  3. Murtakazāt al-Fikr al-Siyāsī (Fundamentos del pensamiento político: en el Islam, en el capitalismo, en el comunismo). Editorial Shams al-Mašriq, 1413 H.
  4. Al-Ḫuṭaṭ al-Siyāsiyya li-Tawḥīd al-Umma al-Islāmiyya (Planes políticos para unificar a la Umma islámica). Editorial Dār al-Ṯaqalayn, Beirut, 1415 H.
  5. Ṭabī‘at al-Aḥzāb al-Siyāsiyya al-‘Arabiyya (La naturaleza de los partidos políticos árabes: partidos laicos, partidos religiosos, rasgos del pensamiento de Ahl al-Bayt). Editorial Al-Dār al-Islāmiyya, Beirut, 1417 H.
  6. Al-Waŷīz fi al-Imāma wa al-Wilāya (Compendio sobre la Imāma y la Wilāya). Editorial Dār al-Ghadīr, 1417 H.
  7. Al-Muwāŷaha ma‘a Rasūl Allāh wa Ālih (al-qiṣṣa al-kāmila) (La confrontación con el Mensajero de Dios y su Familia: la historia completa). 2.ª edición, Dār al-Ghadīr, 1417 H.
  8. Masāḥa li-l-Ḥiwār (Un espacio para el diálogo: por la concordia y el conocimiento de la verdad). Dār al-Ghadīr, Beirut, 1418 H.
  9. Karbalā’ (al-ṯawra wa al-ma’sāt) (Karbalá: la revolución y la tragedia). Dār al-Ghadīr, Beirut, 1418 H.
  10. Al-Hāšimiyyūn fi al-Sharī‘a wa al-Tārīj (Los hāšimíes en la sharī‘a y en la historia). 2.ª edición, 1999.
  11. Ḥaqīqat al-I‘tiqād bi-l-Imām al-Mahdī al-Muntaẓar (La verdadera creencia en el Imam Mahdī esperado). Editorial Dār al-Malāk, Jordania, 2000.
  12. Ayna Sunnat al-Rasūl wa Māḏā Fa‘alū Bihā? (¿Dónde está la Sūnna del Mensajero y qué hicieron con ella?).
  13. Al-Iŷtihād bayna al-Ḥaqā’iq al-Sharī‘iyya wa al-Mahāzil al-Tārījiyya (El iŷtihād entre las realidades jurídicas y las farsas históricas). 1.ª edición, 1421 H, Centro Al-Ghadīr de Estudios Islámicos.
  14. Al-Marŷa‘iyya al-Siyāsiyya fi al-Islām (La autoridad política en el Islam).
  15. Muḫtaṣar al-Muwāŷaha (Compendio de “La confrontación”).

Artículos

  1. “Mafhūm al-Imāma wa al-Wilāya fi al-Sharī‘a wa al-Tārīj” (El concepto de Imāma y Wilāya en la sharī‘a y en la historia). Revista Al-Minhāŷ, n.º 3, otoño 1417 H / 1996.
  2. “Al-Ḥizb al-Waḥīd fi al-Qur’ān” (El único partido en el Corán). Revista Al-Minhāŷ, n.º 6, verano 1418 H / 1997.