Mihyār al-Daylamí

Mihyār al-Daylamí

¿Quién fue el clarificado (convertido) fallecido Mihyār al-Daylamí?

Abū al-Ḥasan —o Abū al-Ḥusayn— Mihyār ibn Marzūyah al-Daylamí (fallecido en 428 H / 1037 d. C.) fue escritor y poeta de origen persa, residente en Bagdad. Su casa se hallaba en Darb Rabāḥ, en el barrio de al-Karkh. En un principio fue zoroastriano (magiano) y luego abrazó el islam; se dice que su conversión en el año 384 H tuvo lugar de la mano del noble al-Sharīf al-Raḍī, Abū al-Ḥasan Muḥammad al-Mūsawī, conocido como al-Sayyid al-Raḍī (que Dios esté complacido con él), quien fue su maestro. Con él se formó en la composición poética, y llegó a emular muchas de sus odas.

Algunos autores sostienen que nació en Daylam, al sur de Gīlān, a orillas del mar Caspio, y que en Bagdad trabajó como traductor del persa. Sus biógrafos lo califican de escribano, y es probable que formara parte de los funcionarios del dīwān.

Fue un poeta de dicción poderosa, destacado entre los de su tiempo. Poseyó un gran dīwān en cuatro volúmenes; su estilo es delicado en el remate y de aliento largo en las composiciones. El erudito Abū Bakr al-Khaṭīb lo mencionó en su Historia de Bagdad y lo elogió, diciendo:

“Solía verlo acudir a la mezquita de al-Manṣūr los viernes [en Bagdad] y leer a la gente su dīwān, aunque no se me concedió escucharlo directamente”.

El shayj al-Ḥurr al-ʿĀmilī dijo:

“Mihyār reunió la elocuencia de los árabes con los significados de los persas”.

Nombre, kunya y nisba

Abū al-Ḥasan, Mihyār ibn Marzūyah al-Daylamí al-Bagdadí.

Nacimiento

Nació en el año 367 H.

Formación y entorno

Creció en una familia persa acomodada, de las más nobles de Persia. Luego viajó a Bagdad, donde se estableció y entró en contacto con al-Sayyid al-Raḍī (santificado sea su secreto), quien entonces era la referencia suprema de los literatos y notables. Este vínculo influyó decisivamente en la personalidad y la poesía de Mihyār: halló en al-Sayyid al-Raḍī el ideal que buscaba en ética, cortesía, ciencia, elocuencia y piedad; bebió de su manantial puro las ciencias y las letras, así como el fiqh y el arte de la argumentación.

Su adhesión al chiismo

Aunque fue zoroastriano, tras su relación con al-Sayyid al-Raḍī (Dios esté complacido con él) cambió su credo y adoptó el método de la Gente de la Casa (Ahl al-Bayt, la paz sea con ellos) en el año 394 H. Así, fue musulmán en religión, alawí en escuela, árabe en letras. Por ello se enorgullecía del linaje de su familia y del honor de su islam y de su noble literatura, como expresa en una oda de su dīwān:

No creas que un linaje me rebaja:
yo soy quien te satisface cuando el linaje se mide.

Mi pueblo dominó al tiempo siendo joven
y caminó sobre las cumbres de las eras.

Coronaron sus frentes con el sol
y edificaron sus casas con las estrellas.

Mi padre es Kisrá en su palacio:
¿dónde hay entre los hombres un padre como mi padre?

Es el poder de los antiguos reyes, y junto a él
el honor del islam y de las letras que poseo.

Tomé la gloria del mejor de los padres,
y tomé la religión del mejor de los profetas.

Reuní el orgullo por ambos extremos:
la nobleza de los persas y la fe de los árabes.

Su poesía

Entre las maravillas de la literatura está que un persa intente componer poesía árabe y supere a sus pares, hasta resultarles inalcanzable.

El Sayyid al-Amīn (santificado sea su secreto) dijo en Aʿyān al-Shīʿa:

“No encuentro para él un igual sino Ibn al-Rūmī; y aun así, Ibn al-Rūmī a veces queda por debajo y no lo iguala en amplitud ni en extensión”.

Mihyār es un tesoro de letras y virtud, perteneciente a la primera generación de quienes difundieron la lengua del ḍād y asentaron sus fundamentos. La mayor prueba es su voluminoso dīwān en cuatro partes, rebosante de géneros poéticos, artes del decir y variedades de imagen, que lo colocó a la cabeza de los poetas de su época, pese a la abundancia de grandes talentos entonces. Solía acudir los viernes a la mezquita de al-Manṣūr en Bagdad y leer su dīwān al público.

En cuanto a su poesía doctrinal, es prueba y argumentación: no hallarás sino razón contundente, elogio sincero o lamento desgarrador. Quizá por ello quienes guardaban rencor intentaron ocultar su mérito y no destacaron su valiosa trayectoria como merecía; las enciclopedias le escatimaron el derecho, mencionándolo con notas menores. Sin embargo, la verdad de su mérito se impuso y difundió su nombre con los vientos del amanecer: dondequiera que vayas, no hallarás de Mihyār sino recuerdo agradecido, estima y veneración. Entre sus versos en elegía por la Gente de la Casa (la paz sea con ellos), dice:

¡Ay de mi alma por vosotros, oh Familia de Ṭāhā!,
un lamento nacido de ardor y delirio.

Poco son mis costillas, si tiemblan
con la añoranza o se derraman mis lágrimas.

Así fue, y mi amor por vosotros me basta;
no hay en la fe para mí distancia ni ruptura.

Fallecimiento

Falleció —que Dios tenga misericordia de él— el 5 de Yumādā al-Ājira del año 428 H.